To the Catholic Faithful of the Diocese of Brownsville:
With gratitude to God, I am able to announce that conditions are now such that the
Catholic churches and mission chapels in the Rio Grande Valley can, on Monday, May 25, 2020, resume the public celebration of Masses and other sacramental rites. This will take place with abundant precaution and strict protocols in keeping with the recommendations of health officials.
I have made this decision after communication with local civil and health officials, and with close attention to the advisories of state and federal government officials, and after continuous consultation with the deans in the eight deaneries that comprise the Diocese of Brownsville, and with countless others, laity, clergy and religious.
For us to proceed forward toward the resumption of public Masses, it is important for us all to keep a few things clearly in mind. The danger the COVID-19 virus poses to our communities remains formidable. Thus, even as we suspended the public celebration of Masses as an act of charity for the common good, so we must resume our public celebrations aware that we continue to bear a grave obligation in charity to do whatever we can to protect one another and the wider community from infection.
I urge in the strongest terms that those who are advanced in years, or suffer from complicating medical conditions, or feel in any way sick, should stay home. If you do not currently feel safe going out, even to Mass, stay home. The dispensation of the Catholic faithful from the obligation to attend Mass on Sunday remains in effect. We will continue to provide livestream broadcasts of parish and diocesan Masses for the benefit of those who should remain home.
The parishes have been sent instructions with strict protocols to protect the health and safety of those who attend Mass and the wider community of the Rio Grande Valley. Our parishes will observe social distancing, face-masks will for now be required for those attending Mass, and parishioners will be required to disinfect their hands as they enter and leave the church. There will be special instructions for the reception of Holy Communion.
Occupancy at any given Mass will be limited by the fact that only every other pew will be used for seating, and six feet will be observed between family groups and individuals. In most cases, this means that occupancy for Mass will be less than 50 percent. Since churches will have limited seating capacity, I encourage those who can go to Mass to consider going on a weekday to alleviate the pressure on Sunday Mass capacity.
I have indicated to the pastors that they have the authority to judge if in their particular parish they are ready with sufficient supplies and volunteers to open the church for public Masses. If a particular parish is not ready to implement the necessary protocols, they should not open until they are. In addition, some parishes may find it necessary to readjust the Mass schedule to allow enough time for the work of disinfecting the church after every Mass.
There are other particular instructions that are included in the information already sent to the parishes, and the parishes will make these known to parishioners as circumstances warrant. But I would like to call attention to just a few major points:
If the parish has a chapel for perpetual adoration of the Blessed Sacrament, pastors should not resume full operation at this time. The enclosed spaces and the difficulty of frequent disinfecting procedures as people enter and leave involve high risks that should not be undertaken. Adoration and Benediction can take place in the main church, at set times, observing the protocols of distancing and the use of masks and the use of disinfecting protocols after the Benediction.
Confessions should not be heard in enclosed spaces where the six feet of distance cannot be observed.
Other sacramental rites can be celebrated provided the usual protocols are observed.
Parish offices can open, but only if the receptionist and secretary or other personnel have the space to practice social distancing and observe regular protocols of disinfecting hands and surfaces frequently. Masks should be used in any area where the public or coworkers are present.
Small meetings can take place on parish premises, provided the protocols indicated are observed.
As we proceed, we must be vigilant and alert. We do not know what the future holds, but we maintain our hope in God “who so loved the world that he gave his only Son.” The reopening of our churches is a cause of great joy. May we receive this gift from the Lord as a grace to prepare ourselves to celebrate the great Solemnity of Pentecost. We humbly ask the Holy Spirit to protect our communities from all harm, to give us the charity and fortitude we need to face the uncertainties of the future, and to grant us the joy of an ever deeper communion with the Risen Christ who, to the glory of God the Father, dwells in us and with us by the gift of the Holy Spirit. Amen.
In Christ,
+Daniel E. Flores
Bishop of Brownsville
Con gratitud a Dios, puedo anunciar que las condiciones son tales que las iglesias católicas y sus capillas en el Valle del Río Grande pueden, el lunes 25 de mayo de 2020, reanudar la celebración pública de Misas y otros ritos sacramentales. Esto se llevará a cabo con abundante precaución y protocolos estrictos de acuerdo con las recomendaciones de los funcionarios de salud.
He tomado esta decisión después de comunicarme con los funcionarios civiles y de salud locales, y con mucha atención a las advertencias de los funcionarios del gobierno estatal y federal, y después de consultas continuas con los decanos de los ocho decanatos que conforman la Diócesis de Brownsville, y con muchos otros, laicos, clérigos y religiosos.
Para que podamos avanzar hacia la reanudación de las Misas públicas, es importante que todos tengamos algunas cosas en mente. El peligro que representa el virus COVID-19 para nuestras comunidades sigue siendo formidable. Por lo tanto, así como fue un acto de caridad para el bien común suspender la celebración pública de Misas, debemos reanudar nuestras celebraciones públicas conscientes de que seguimos adelante con una grave obligación en la caridad de hacer todo lo posible para protegernos unos a otros y a la comunidad en general de la infección.
Insto, en los términos más enérgicos, a aquellos que están avanzados en años, o que padecen afecciones médicas complicadas, o que se sienten de alguna manera enfermos, deben quedarse en casa. Si actualmente no se siente seguro saliendo, incluso a Misa, quédese en casa. La dispensa de los fieles católicos de la obligación de asistir a Misa el domingo permanece vigente. Continuaremos transmitiendo en vivo Misas parroquiales y diocesanas en beneficio de aquellos que deben permanecer en sus hogares.
Las parroquias han recibido instrucciones con protocolos estrictos para proteger la salud y la seguridad de quienes asisten a Misa y a la comunidad en general en el Valle del Río Grande. Nuestras parroquias observarán el distanciamiento social, se requerirán máscaras faciales para los que asisten a Misa, y se requerirá que los feligreses desinfecten sus manos al ingresar a la Iglesia y al salir. Habrá instrucciones especiales para la recepción de la Sagrada Comunión
La ocupación en cada Misa estará limitada por el hecho de que solo se utilizará cada otro banco para sentarse, y se observarán seis pies entre grupos familiares e individuos. En la mayoría de los casos, esto significa que la ocupación para la Misa será inferior al 50 por ciento. Dado que las iglesias tendrán una capacidad limitada de asientos, animo a aquellos que pueden ir a Misa a considerar ir un día durante la semana para aliviar la presión sobre la capacidad de la Misa dominical.
Les he indicado a los párrocos que tienen la autoridad para juzgar si en su parroquia están listos con suficientes suministros y voluntarios para abrir la iglesia para las Misas públicas. Si una parroquia en particular no está lista para implementar los protocolos necesarios, no deben abrir hasta que lo estén. También es posible que algunas parroquias tengan que reajustar el horario de Misa para permitir suficiente tiempo para el trabajo de desinfección de la Iglesia. Hay otras instrucciones particulares que se incluyen en la información que ya se envió a las parroquias, y las parroquias las darán a conocer a los feligreses según lo ameriten las circunstancias. Pero me gustaría llamar la atención sobre algunos puntos importantes:
Si la parroquia tiene una capilla para la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento, los párrocos no deben reanudar la operación completa en este momento. Los espacios cerrados y la dificultad de los frecuentes procedimientos de desinfección a medida que las personas entran y salen implican un alto riesgo que no se debe tomar. La Adoración y la Bendición pueden tener lugar en la iglesia principal, en horarios establecidos, observando los protocolos de distanciamiento y el uso de máscaras y el uso de protocolos de desinfección después de la Bendición.
Las confesiones no deben escucharse en espacios cerrados donde no se pueden observar los seis pies de distancia.
Se pueden celebrar otros ritos sacramentales siempre que se observen los protocolos habituales.
Las oficinas parroquiales pueden abrir, pero solo si la recepcionista y la secretaria u otro personal tienen el espacio para practicar el distanciamiento social y observar protocolos regulares de desinfección de manos y superficies con frecuencia. Las máscaras deben usarse en cualquier área donde el público o los compañeros de trabajo estén presentes.
Se pueden realizar pequeñas reuniones en las instalaciones de la parroquia, siempre que se observen los protocolos indicados.
A medida que avanzamos, debemos estar atentos y alertas. No sabemos lo que depara el futuro, pero mantenemos nuestra esperanza en Dios "que amó tanto al mundo que dio a su único Hijo". La reapertura de nuestras iglesias es motivo de gran alegría. Espero que podamos recibir este regalo del Señor como una gracia para prepararnos para celebrar la gran solemnidad de Pentecostés. Humildemente le pedimos al Espíritu Santo que proteja a nuestras comunidades de todo daño, que nos brinde la caridad y la fortaleza que necesitamos para enfrentar las incertidumbres del futuro, y que nos otorgue la alegría de una comunión cada vez más profunda con Cristo resucitado quien, para la gloria de Dios Padre, habita en nosotros y con nosotros por el don del Espíritu Santo. Amén.